El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que “quizás tengamos una toma de control amistosa de Cuba”, declaración que provocó reacciones inmediatas en círculos políticos y diplomáticos.
La expresión fue emitida durante un mensaje público, sin que hasta el momento la Casa Blanca haya precisado el alcance o el contexto específico de sus palabras. La frase fue interpretada por analistas como una referencia a un posible endurecimiento de la política hacia la isla o a una estrategia de mayor presión política y económica sobre el gobierno cubano.
La relación entre Washington y La Habana ha estado marcada por décadas de tensiones, sanciones económicas y periodos intermitentes de acercamiento. Durante su primer mandato, Trump revirtió varias medidas de deshielo impulsadas por la administración de Barack Obama, restableciendo restricciones comerciales y de viaje.
El señalamiento ocurre en un contexto regional caracterizado por flujos migratorios crecientes desde el Caribe hacia Estados Unidos, así como por discusiones en el Congreso estadounidense sobre seguridad hemisférica y presencia de actores internacionales en América Latina.
Hasta el momento, el gobierno de Cuba no ha emitido una postura oficial respecto a la declaración del mandatario estadounidense.

